30 jul. 2011

Capítulo uno

En la actualidad

Holly maldijo en voz baja, mientras se subía la capucha de su sudadera favorita de Iron Maiden y avanzaba con paso rápido bajo la lluvia. Había estado a punto de coger el paraguas y, sin embargo, había encogido los hombros y éste yacía colgando de la ventana de su cuarto, a tres manzanas de donde ahora se encontraba ella. Nunca hubiese pensado que empezaría a llover justo cuando ella cruzaba la primera manzana; y no podía volver a casa porque su madre no estaba y las llaves estaban perdidas en algún lugar debajo de su cama.
Con resignación, había optado por correr y pararse a ratos bajo algún balcón para recuperar el aliento. Se suponía que debía llegar al parque central a las siete en punto para reunirse con Trace, su mejor amigo, para ir juntos al concierto de una nueva estrella del rock poco conocida aún en uno de los bares a los que con frecuencia solían ir a tomar batidos helados. Miró su reloj de muñeca, que marcaba ya las siete y veinte, soltó un bufido y amainó el paso, sus botas chapoteando en los charcos que se iban formando en la acera.
Ya podía imaginar con claridad el comentario sarcástico que recibiría de Trace por llegar por haber llegado tarde, pues Holly siempre era puntual e incluso a veces se presentaba donde fuese mucho antes de la hora de quedada.
Diez minutos más tarde llegó a su destino, jadeante y sonrojada a causa de la carrera. Trace la esperaba, envuelto en su chaqueta de cuero negro habitual, que le quedaba un poco grande y las mangas casi cubrían sus manos enteras. Holly ya ni siquiera podía recordar a su amigo sin esa chaqueta, regalo de su padre por su décimo cumpleaños. Bajo ella, tenía los brazos recubiertos de tatuajes coloridos e incluso tenía el nombre de ella tatuado en el reverso de la muñeca derecha, donde ella lo escribía con bolígrafo cuando eran pequeños. A su vez, Holly tenía “T.H.” en su muñeca izquierda, haciendo referencia al nombre completo del chico.
-Normalmente soy yo el que llega tarde- comentó Trace mientras la chica se colocaba a su lado, bajo el paraguas de él-. Suerte que he recordado que eres lo más torpe del mundo y he traído uno.-añadió señalando el objeto.
-Gracias- contestó Holly con sarcasmo-, da gusto tener amigos como tú.
La chica se retorció su pelo rojo oscuro y formó un charquito a sus pies, después se acurrucó en su sudadera mojada.
-Genial- protestó mientras Trace le pasaba un brazo por los hombros y caminaban juntos-, no sé para qué me he alisado el pelo. Tú siempre pareces tenerlo perfecto.-miró al chico enfadada.
-Claro- dijo Trace que, al igual que todos los días, llevaba su pelo castaño liso y caído sobre sus ojos verdes-, todo yo soy perfección-rió-. Mi madre es de pelo liso y mi padre no lo tenía muy rizado, así que los genes de pelo lacio atacan.
Holly deseó tener así su cabello rojo, pues había heredado los rizos de su madre y en absoluto estaba conforme. Mientras cavilaba, el chico clavó su mirada en ella. Todavía podía verla andando a su lado con nueve años, agarrada de su mano y con su cuerpecito menudo y delgado danzando y arrastrándolo con ella, y como él intentaba cuidarla, como si fuera una frágil figura de cristal que se rompería con un fuerte abrazo. Holly mantenía la vista fija en las gotas de lluvia que colisionaban contra la acera mojada, con los labios fruncidos y ladeados en un gesto instintivo que hacía cuando andaba perdida por la avenida de su mente. Más de cien veces Trace había tenido que sacarla de sus ensoñaciones e ideas extravagantes con un par de palabras realistas. Funcionaba así; Holly soñaba y Trace se encargaba de devolverla a la realidad.
Se adentraron en la avenida y avanzaron por la calle principal hasta una ramificación de ésta que acababa en un callejón sin salida en el que descansaba el “Eat ‘n Sing”, un local grande donde, a parte de servir comida rápida y batidos variopintos, algunos grupos principiantes podían pagar por publicidad y actuaciones en el escenario pequeño que había al final de la sala. A veces incluso acudían personas de discográficas para intentar sacar algún nuevo talento. Normalmente estaba tranquilo y el ambiente era apacible, con música de fondo y a veces alguien cantando; sin embargo, esa noche había una fiesta por el veinte aniversario del bar y varios grupos habían sido invitados para tocar rock a toda voz, entre ellos Pulse, la banda de Trace y una nueva chica a la que el tío de éste, regente del bar, había hecho mucha publicidad durante las últimas semanas.
Trace cerró el paraguas y abrió la puerta de cristal de doble hoja para dejar pasar a Holly, que entró y se quitó la sudadera, anudándosela En la cintura y quedándose con una camiseta azul oscuro. Hacía frío en la calle, pero con toda esa gente bailando hacinada parecía no haber sitio para el viento gélido, incluso la chica se sintió un poco agobiada. Trace la siguió y juntos llegaron al centro de la sala, donde todos se movían y bebían al ritmo del rock que cantaba un grupo que Holly nunca había visto allí, mientras otro aporreaba la guitarra con esmero.
-¿Cuándo te toca actuar?- preguntó Holly, agarrándose del brazo de Trace para no perderlo entre la multitud.
-Éstos son los Black Fox, después actúan Lily and the Cherrys y luego vamos nosotros- respondió el chico, alargando el cuello, buscando a sus amigos-, justo antes de la tal Ellie, la “promesa del rock”, como dijo mi tío-añadió con un poco de burla.
-Habrá que darle una oportunidad a la chica- dijo Holly compasiva-, no seas tan borde con los nuevos.
Trace se encogió de hombros y comenzó a andar más deprisa, arrastrando a Holly con él, que seguía prendida de su brazo, hacia una puerta que conducía a una especie de camerinos. Ésta estaba abierta y Doug, el batería de Pulse les hacía seña con las manos para que el chico lo viera.
-Os estaba buscando- dijo Trace cuando llegaron hasta él.                            
-Tengo algo que contarte- comentó Doug con voz grave. Era un chico alegre que casi siempre se lo tomaba todo en broma, pero ahora parecía preocupado.
-¿Qué pasa, Doug?- Holly notó como Trace se ponía nervioso y se le tensaban los músculos.
-Josh no ha aparecido- soltó Doug, bajando la cabeza tras decirlo, horrorizado ante la expresión de ira que apareció en el rostro contraído de Trace.
-¿Qué coño me estás diciendo?- acertó a decir entre dientes- ¿Cómo se supone que vamos a tocar sin ese gilipollas?
-Tranquilo, Trace- dijo Holly, intentando calmarlo.
Doug pareció cavilar y se puso más serio aún. Levantó la cabeza y dijo:
-Le hemos estado llamando toda la tarde, pero no contesta. Ayer nos dijo que sus padres se iban de viaje y él se quedaba solo en casa.
-¿Y si le ha pasado algo?- intervino la chica, horrorizada ante la perspectiva. Sólo había intercambiado unas pocas palabras con él, sin embargo le caía y no quería que sufriera algún daño.
-El maricón se habrá emborrachado aprovechando que está solo- contestó Trace, apartando a Doug y entrando en el pasillo hacia el camerino del grupo. Holly se había soltado de él, consciente de que no podía entrar y lo miraba, deseando ir y consolarlo. A Trace le molestaba bastante que uno de ellos faltara a los ensayos y la chica casi podía imaginar como se sentiría ahora que se habían quedado sin guitarrista principal en el concierto.
-¿Y que vamos a hacer?- inquirió Doug.
Trace se volvió.
-El show debe continuar.
A continuación siguió su camino, sacando un paquete de tabaco del bolsillo de su chaqueta y se colocaba uno entre los labios.
-No te preocupes- dijo Doug a Holly-, estará bien en cuanto se fume uno. Siempre puede tocar la guitarra mientras canta, ya lo ha hecho más de una vez.
Holly asintió, más tranquila ante la sonrisa del chico y, despidiéndose con un gesto de la mano, se adentró entre la gente y las luces parpadeantes.

Trace dio una calada a su cigarro y, cogiéndolo entre el dedo índice y el pulgar, exhaló el humo, que escapó de entre sus labios como si hubiese estado aprisionado entre sus labios mucho tiempo. La nicotina lo había relajado un poco y pensando en frío había decidido que no debía preocuparse; él podía perfectamente tocar la guitarra mientras cantaba sin que supusiera un problema. Además, con la ayuda de Matt como guitarra segunda ni siquiera se notaría la doble actuación de Trace ni la falta del otro guitarrista. Suspiró aliviado y se levantó de la silla, el único mobiliario aparte de un espejo grande del que constaba el camerino, tiró el cigarrillo al suelo de cemento y lo pisó. Los demás le esperaban ya tras el escenario, esperando la señal para salir a escena.
Estaba a punto de salir, cuando el picaporte giró hacia el lado contrario, como si alguien estuviera intentando abrir desde fuera. Trace tiró hacia sí y tras ella apareció una chica, baja y delgada, que le recordó por un momento a Holly. Tenía el pelo rubio oscuro y recogido en dos trenzas largas. Lo miró sorprendida a través del flequillo, con sus grandes ojos azul grisáceo y pestañeó un par de veces.
-Lo siento, pensaba que era mi camerino- dijo la chica azorada.
-No pasa nada- Trace sonrió, intentando no incomodarla más- Soy Trace- se apretaron las manos-, tú debes de ser Ellie, la cantante nueva, ¿no?
-Sí- sonrió-. Me llamo Elyon Joyze. Ellie Pánix como nombre artístico.
-Creo que tu actuación es detrás de la mía.
-¿Pulse?- inquirió Elyon.
-Exacto.
-Pues ya te toca, date prisa- se dirigieron una sonrisa cómplice y desaparecieron cada uno por el lado contrario.
Elyon avanzó por el pasillo de cemento hasta la habitación contigua, sus botas negras resonando en el suelo. Ya dentro, sacó su móvil de la falda y marcó un número; mientras llamaba, su mochila se abrió y una cabecita negra y de orejas puntiagudas asomó por ella y miró con ojillos curiosos al exterior. La gatita desplazó todo su cuerpo fuera y se acercó a las piernas de su dueña, donde se sentó esperando un poco de atención.
-Mercy- dijo la chica-, el grupo que va antes de mí ya está en escena, ¿qué hago?; Me queda sólo media hora y todavía no he localizado a la chica; No, no he visto a Jace… ¿Cómo que se supone que debería estar aquí?; Lo buscaré, descuida. Adiós.
Elyon colgó y devolvió el teléfono a su mochila. Con un suspiro cogió a su gatita y la abrazó contra su pecho mientras ésta la miraba con sus ojos azules y rasgados.
-Pandora, tenemos un problema.
La gata soltó un maullido de afirmación y asintió con la cabeza.

Holly tomó otro sorbo de su bebida, sintiéndose un poco mareada; no a causa del alcohol, pues sólo estaba bebiendo zumo, no quería estar con resaca a la mañana siguiente que tenía instituto, sin embargo su vista se desenfocaba y sus rodillas estaban temblando, incapaces de sostenerla. Necesitaba salir al aire fresco.
De fondo, la voz de Trace se colaba en sus oídos, tan dulce y un poco rasgada que la chica siempre había considerado como un tesoro para ella y todavía recordaba los días en los que ella había estado enferma y Trace pasaba día y noche cantándole acompañado de su guitarra hasta que Holly se sentía mejor y Trace le traía chocolate caliente y dulces. Incluso una vez, de madrugada y lloviendo furiosamente, había salido a buscar un 24 horas para comprarlos. Justo el grupo estaba cantando su canción favorita, Don’t move on, pero Holly sentía que la cabeza iba a estallarle si seguía en aquel ambiente agobiante y cargado.
Salió a la calle y una oleada de aire frío le golpeó el rostro, haciendo que un escalofrío le recorriera la espalda como un dedo helado. La sudadera ya estaba seca, por lo que se la puso y se cogió los puños con las manos, un gesto que siempre hacía cuando tenía frío o estaba incómoda. Lo estaba en aquel callejón sin salida a la entrada de un bar y mareada por una causa que desconocía.
De pronto, oyó algo a su lado, como si alguien se retorciera. Dio la vuelta hasta unos contenedores que había a unos pasos y encontró a una chica vomitando, sujetándose su largo pelo negro con una mano y la otra apoyada en el suelo, junto a sus rodillas. Holly fue a socorrerla. Puso una mano en su hombro y la ayudó a levantarse, mientras la otra se limpiaba con el dorso de la muñeca.
-¿Estás bien?- preguntó Holly preocupada.
-Sí, gracias- respondió la chica con un hilo de voz. Se tambaleó un poco, provocando que Holly tuviera que agarrarla más fuerte para que no cayera cuán larga era al suelo junto con la desconocida.
Con un movimiento brusco, la chica se zafó de Holly, y la tiró al suelo. Holly se dio un golpe en la cabeza y notó como su sangre manchaba la acera. La chica se había puesto a horcajadas encima de ella y la miraba con los ojos dilatados y negros, casi cubriendo lo blanco también. Sus dientes comenzaron a afilarse y a convertirse en dos hileras de colmillos de sierra y la mandíbula se le desencajó, formando una boca irrealmente grande de lengua viperina que lamía el rostro de Holly, que soltó un alarido de terror. Estaba a punto de morderla cuando su cabeza se separó de sus hombros con un sonido silbante y cayó junto a Holly que ahogó un grito. Gran cantidad de sangre negruzca y viscosa comenzó a manar de su cuello perfectamente cortado y el cuerpo se retorció un poco más antes de morir sobre Holly, que lo sintió extrañamente pesado.
Escuchó unos pasos junto a ella y segundos después la criatura había sido apartada de encima y yacía en uno de los contenedores. Una figura recogió algo del suelo y ayudó a Holly a levantarse. Enfocó la vista y pudo ver a un chico rubio, del que se apartó asustada, viendo que lo que había cogido era un cuchillo pequeña de empuñadura grande y con la hoja manchada de la sangre negra.
-¿Qu-qué coño ha sido eso?- gritó presa del pánica.
-Tranquila, sólo era un demonio- respondió el chico como si tal cosa.
-Ah, un demonio- repitió Holly en un susurro-, claro, como no lo había adivinado.
Holly se llevó una mano a la cabeza y retorció varios mechones de su pelo entre los dedos sintiendo unas náuseas insoportables.
-No te preocupes, no se te ha ido el tarro- dijo el chico-. Algún día te tenía que pasar.
-¿Qué?- inquirió Holly confusa y enfadada.
-Ya te lo explicaré otro día.
-¿Otro día?
-Jace Ross- dijo el chico solamente y la dejó allí, temblando y con el miedo aún atenazado en su cuerpo.

Trace soltó un suspiro de alivio al ver a Holly aparecer por la puerta del local. Se despidió de sus amigos y corrió a ella. Hacía tiempo que su actuación había finalizado y ahora la otra chica cantaba una balada en el escenario, y Trace había buscado a su amiga por el bar junto a los demás componentes de su grupo durante una hora entera.
Holly estaba temblando y su cuerpo estaba muy frío, por lo que la abrazó y dejó que la chica hundiera el rostro en su pecho, e incluso se puso a llorar con un nudo en la garganta.
-¿Qué te ha pasado?- inquirió Trace con la preocupación impresa en su voz.
-Llévame a casa, por favor- pidió Holly aún llorando. El chico asintió con impotencia y la condujo fuera, a la calle principal mientras llamaba a un taxi que les condujera a casa.